lunes, febrero 18, 2008

CHISTES

  • Algunos chistes judíos 1- Un judío alto, de larga barba, está parado en un tranvía repleto sosteniéndose de la agarradera de cuero colgante del techo. De pronto sube al tranvía un judío bajito, trata de alcanzar también él una agarradera y al no lograrlo se toma de la larga barba del otro judío. -¡Suélteme la barba!- le grita éste, enfurecido. -Por qué?- pregunta cándidamente el bajito- ya se tiene que bajar?

2- La mujer de Hérshele tenía en Ostropolie una pequeña tienda. Cierta vez firmó Hérshele un pagaré por mercaderías y a su vencimiento, por supuesto, no lo levantó. -Hérshele, por qué no has levantado el pagaré? -Porque no voy a pagarlo. -Pero si lo has firmado tu mismo. -Mi palabra vale más que mi firma. Si yo digo que no pago, no pago. 3- -Tienes alguna preocupación, Avrom? -Por qué me lo preguntas? -Porque no tienes muy buena cara. -Te diré: no digiero bien, tengo los piés hinchados, el corazón se me ha dilatado un poco, y yo mismo tampoco acabo de sentirme muy bien... 4-

Dos judíos permanecen sentados en silencio durante casi una hora en un banco del parque. Finalmente uno de ellos lanza un largo suspiro seguido por un “!Oy! ‘’ salido dePreguntaron a un judío: -Por qué ustedes, los judíos siempre responden a una pregunta con otra? -Y por qué no?- respondió el judío. nosotros

sábado, febrero 09, 2008

Dolor

DOLOR
¿Dónde se pone lo inexplicable?
¿En qué mueble del alma
se guarda para siempre
este dolor sin tiempo?
¿Qué cajón, de ésos
que no se abren casi nunca,
utilizo para enterrar mi furia?
Enero voló como un ave sedienta de febrero
El ave volverá hecha niño
y cambiarán los vientos.
nosotros

domingo, enero 27, 2008

Escultura

Esta pequeña escultura la realizó mi hija cuando era adolescente. La conservo porque siempre me gustó. Encierra el amor que todo ser humano merece encontrar. Ella también. Yo tomé la foto. nosotros
"Aprendamos a hacer algo haciéndolo. No existe otra manera".
JOHN HOLT.
educador
nosotros

sábado, enero 19, 2008

Vamos al cine

Vamos al cine. Falta muy poco para que empiece la película y decidimos tomar el ascensor. Cuando se abren sus puertas, la señora que entra primero, por no usar sus anteojos aprieta el botón del tercer subsuelo en lugar del primer piso. Nos ponemos un poco nerviosos. Finalmente llegamos a las boleterías. Nos encontramos con un pasillo hecho de cintas azules y palos metálicos que obligan a hacer la cola. Nos sentimos como vacas que van al matadero, pero asi son las cosas. El tiempo apremia. Hay mucha gente y es ahí cuando, mientras el tiempo corre, vemos a uno de esos tantos espectadores que creen que sacar la entrada es como acodarse en la barra de un bar para pedir algo de tomar mientras charla animadamente con el barman (en este caso el vendedor de entradas). El plomazo en cuestión ni siquiera sabe qué quiere ver. Empieza a preguntarle al empleado qué tal esta película, aquella otra o la que empieza dentro de dos horas. Pregunta cuáles son los asientos más cómodos, dónde puede comprar algo para comer, dónde están los baños. Cuando le informaron hasta qué tipo de grupo sanguíneo tiene, se va lo más pancho después de consumir cinco minutos para un trámite que normalmente dura uno. Ocupamos nuestras butacas. A los pocos minutos de iniciado el film (esos momentos centrales, en que se plantean detalles clave de la historia), una pareja, de esas que nunca faltan y que suelen llegar tarde siempre, aparecen en la oscuridad como fantasmas. Arriban cargados como si vinieran del supermercado, haciendo equilibrio con sus vasos de bebida (a veces frías, a veces tan calientes que uno tiembla de sólo pensar que ese líquido se derrame en nuestras piernas). En el mejor de los casos piden permiso tímidamente. Caminan en puntas de piés como Julio Bocca y uno exige al máximo músculos y articulaciones para poner los piés debajo del asiento con el doble propósito de evitar que nos pisen la uña encarnada o que uno de ellos (o los dos) terminen cayéndosenos encima con los baldes de gaseosa, café, papas fritas y chizitos, esos chizitos que hulen precisamente a piés sudorosos. Una vez que pasaron y se sentaron haciéndonos perder un tramo de diálogo, creemos que vamos a empezar a gozar plenamente de la función. Sin embargo... Volviendo al espectador del comienzo resulta que es de esos que hablará con su acompañante en voz alta mientras pasan avisos comerciales y el avance de próximas películas y que, una vez empezada la proyección, estará todo el tiempo cuchicheando comentarios como si él fuera el explicador oficial de la historia y su compañero/a padeciera de una suerte de retraso mental o ceguera temporal. Pero, además, el personaje se encargará de surtir de abundantes patadas al pobre espectador que se encuentra sentado inmediatamente frente a él ante cada momento emocionante del film. El pateado siempre tiene la esperanza de que serán apenas uno o dos puntapiés hasta que el agresor entienda que se trata de pura ficción. Pero no es asi. Absorto, enfrascado, envuelto en la historia como quien se envuelve en una sábana, se transforma en el héroe de la película. Si tal héroe es maltratado por sus enemigos, las patadas crecerán en intensidad y cantidad. Cuando la víctima de este proceder se da cuenta que asi no hay manera de concentrarse comenzará a ejercitar técnicas de persuasión. Una de ellas es levantar un brazo, arquearlo hacia atrás y dar unos golpecitos en el borde superior de su asiento, para que el imbécil cese inmediatamente. Pero como el fulano ya se ha transformado en Brad Pitt, entonces habrá que pasar al plan B: ejercitar las cervicales, llevar la mandíbula al hombro derecho o izquierdo (se recomienda alternar los giros para evitar una posible rotura de la cervis) haciéndole saber de nuestro disgusto. Imaginemos que se da cuenta del fastidio y finalmente descruza esas dos piernas larguísimas que terminan en sendos zapatones número 45. Pero como sigue muy nervioso, inicia la masticación obsesiva, casi fóbica, del gigantesco balde de pochoclos que tenía en sus manos su pareja. A partir de ese momento, no hay más golpes, han sido reemplazados por un crunch-crunch capaz de producirle estrés a un elefante. Cuando su estómago le indica que no puede recibir ni un pedacito más de maíz tostado, apela al inmenso vaso de Coca cola de su acompañante y sorbe el líquido como si estuviese dándole la última chupada a un mate, ese característico ¡jjjiiiup! que eriza los pelos. Cuando parece que ya agotó todos los recursos del típico espectador molesto, una luz se enciende a nuestras espaldas. Uno se sobresalta pensando que llegó la acomodadora con su linterna, pero no, se trata del mismo monstruo, que dejó abierto su celular y acaba de recibir un mensaje de texto que contestará nervioso y por lo tanto cometiendo errores de escritura que lo obligarán a pasarse cinco minutos para redactarlo mientras nosotros sentimos que alguien debería pedirle que apague ese velador insoportable. Y cuando lo hace, para recuperar el tramo de película que perdió, inmediatamente le pregunta a su acompañante qué pasó, cómo fue, quién mató a quién, por qué y cuándo, con lo cual se produce una animada charla murmurada e insoportable. Por suerte, todas las películas terminan en algún momento, con lo que también termina la situación. El sujeto ya no tiene necesidad de patear, cuchichear, explicarnos la psicología de los personajes, mordisquear pochoclo ni sorber líquidos ruidosamente. Pero, cuando se encienden las luces, nuestro querido y desconocido amigo, hace la última: se despide de nosotros dándonos un manotazo en la cabeza que nos deja, como si fuera poco, bien despeinados. Cuando pasan estas cosas, uno siente el deseo de alquilar un DVD y verlo en casa que es la manera más civilizada de evitar asesinar a alguien y terminar condenado a perpetua. Sin embargo, cuando lo hacemos, nos decimos que no hay nada que reemplace el cine, esa hermosa ceremonia de vestirse, salir y meterse durante dos horas en la oscuridad de una sala grande, junto a otros seres humanos, especialmente aquellos que se quedan quietos y no van a charlar ni a cenar. Cuando es asi, no hay nada como el cine.
nosotros

domingo, enero 06, 2008

Decálogo

Algunas razones para no manejar en Buenos Aires:
1) Porque una distracción puede hacer que atropellemos al ciclista vestido de negro que circula sin una lucecita, de noche, hora pico, por una calle angosta, de mucho tránsito y estacionamiento de ambas manos.
2) Idem respecto a un cartonero.
3) Porque hay mujeres que mientras esperan a cruzar paradas sobre el cordón de la vereda, ponen el carrito de su bebé en la calle, como si fuera un auto estacionado. Y no quisiéramos pisar a ningún ser humano, y menos si tiene dos meses.
4) Porque si tenemos un auto chico seremos víctimas de cualquiera que maneje cualquier cosa, hasta un changuito ( la única condición es que sea más grande).
5) Porque en lugar de comernos una pizza podemos comernos a uno de los miles de chicos que las reparten y que para hacer una entrega rápida circulan a contramano, sin luces, sin casco, pero, eso sí, haciendo un ruido espantoso, como si estuvieran corriendo un gran premio de motociclismo.
6) Porque la ciudad padece una infección: la de los motoqueros entregadores de documentos urgentes. Como cobran por entrega deciden que pueden pasar por el ojo de una cerradura. De ahí que manejemos temiendo mover el volante un centímetro a izquierda o derecha por temor a que nos vuelen el espejito, o a que los hagamos volar a ellos.
7) Porque, como siempre, vamos rompiéndo el coche a razón de unos diez baches por día. Baches profundos como trincheras que no se pueden esquivar sin correr el riesgo descripto en el punto 6.
8) Porque desde hace un tiempo los peatones decidieron no sólo cruzar mal sino, además, desafiar con su carrocería ósea a los autos. Algo así como "vos me matarás, pero yo te voy a complicar la vida".
9) Porque cuando manejamos, el de a pie es un tarado y cuando nosotros somos los caminantes el que maneja es por lo menos un hache de pe.
10) Porque no queremos que nos parta al medio el que maneja escuchando música con auriculares, o hablando por el celular, o enviando mensajes, o embebido en bebida, o por uno de esos que cree que el semádoro en amarillo significa picar como un auto de fórmula uno. POR ESO.
nosotros

martes, enero 01, 2008

Lucio

Tu nombre es luz en la noche, te imagino sereno, el cabello rizado, la mirada dulce, a veces pícara, esperarte me inquieta. Juego contigo en mis sueños , salímos de paseo por las mañanas, ensayo estrofas para contarte, mezclo colores para alegrarte, toco a tu madre para acercarme. Cuento los días para gozarte, falta tan poco para cuidarte, espero ese día para mimarme miro a mi hijo, veo a tu padre, haciéndose hombre a cada instante. nosotros

domingo, diciembre 23, 2007

Deseos

Queridos bloggers, amigos de la vida, amigos que nos leen, a todos aquellos que se han interesado por nuestro blog y a los que no también.
Este mensaje no discrimina: es para los que creen y para los que no creen.
A todos queremos desearles una felíz noche buena y una Felíz Navidad!!!
nosotros

sábado, diciembre 15, 2007

Juego de palabras

Ana, sané, ceno pero no sólo golosinas; aléjelas, Ani, sólo goloso no repone cena sana.
Esta frase esconde un secreto divertido. Descubran cual es su particularidad. Si no lo logran, podemos ayudarlos.
La frase le pertenece al Dr. Carlos Nefarrete.

domingo, diciembre 02, 2007

Suceso XIV

¿Qué haré con este corazón?
¿Derribarlo a mentiras?
¿Ahogarlo con palabras?
¿Tirárselo a los perros?
¿Serrucharle un peldaño?
¿Olvidarlo en un taxi?
¿Reducirlo a ceniza?
¿Arrojarle las piedras más negras de la noche?
¿Qué haré con este corazón desordenado y triste
qué no responde a nada ni recuerda su nombre
desde aquella emboscada entre sus pechos?
Poema de Jorge Boccanera, antología poética (Fondo nacional de las artes 1996)
Este poema fué musicalizado por Alejandro del Prado y grabado en los años 60 por el cuarteto Saloma.
A Boccanera y a Del Prado, nuestros amigos, les dedicamos esta página.
nosotros

sábado, noviembre 17, 2007

Un sueño

"El hombre de los lobos" del libro "Cómo jugar y divertirse con
Freud
y el psicoanalisis
de Daniel Samoilovich
(Altalena Editores S.A. Madrid, 1980) ¿Por qué los cinco lobos daban tanto miedo al hombre de los lobos? ¿Me permitirán psicoanalistas, psicoanalizados y compañia una broma sobre este caso de Freud? Si no, ya no tiene arreglo. La broma ya está hecha (aqui abajo, para ser más precisos).
A qué anónimo paciente de Freud que pasó a la historia del psicoanalisis como "el hombre de los lobos" soñó que sobre las ramas del viejo nogal estaban sentados unos cuantos lobos que lo miraban fijamente provocándole un espanto incontenible. A pedido de Freud dibujó el arbol con los lobos subidos a las ramas: Cuando empezaron a asociar, el paciente se acordó de un cuento que le había contado su abuelo: un sastre estaba sentado en su cuarto cuando se abrió de pronto la ventana y por ella entró un lobo. El sastre lo lastimó, haciéndolo huir. Dias después, cuando el sastre paseaba por el bosque, vio venir hacia él una manada de lobos y tuvo que subirse a un árbol para escapar de ellos. Si estos fueran los únicos datos del caso, ¿qué diria usted que espantó hasta tal punto en su sueño al pobre hombre de los lobos?

Si te dan ganas de resolver el problema, escribinos, nosotros te diremos si la respuesta es correcta.

domingo, noviembre 11, 2007

Pueblo

Mi pueblo era blanco en invierno
y era tan verde en verano,
mi pueblo de la montaña,
mi breve pueblo italiano.
Allá arriba la montaña
marmolada me miraba
corretear por la pradera
mientras el sol me mimaba.
(nosotros)

domingo, noviembre 04, 2007

Recuerdos

Somos un puñado de recuerdos / moldeados por el tiempo. / Cenizas en el fondo de un bolsillo. / Nunca sabremos si son ciertos, / apenas que son nuestros. / Dejémoslos entrar esos días vacíos / transformados en risas,/ amasados en llanto. / Contémonos historias, / aquellas que han pasado, / las tuyas mezcladas con las mías / serán nuestras memorias algún día. /
nosotros

sábado, octubre 13, 2007

No escuchan?

¿No escuchan?
están hablando los mares,
están rugiendo las montañas,
rechinan los suelos,
duele el sol.
¿No escuchan?
lloran los ríos,
gimen los bosques,
hierven los hielos.
¿No escuchan?
se desmayan
los campos agotados,
hay vigilia animal,
ruegos del aire a las tormentas.
¿No escuchan?
la tierra tiembla de miedo
y es por nosotros...
y no escuchamos.
(nosotros)

sábado, octubre 06, 2007

El parque

Verde intenso y Centenario
la paleta de septiembre
mancha con colores
la inmensa tela del parque.
nosotros

domingo, septiembre 16, 2007

Como mariposas

Palabras en el aire
bajo una luna perfecta.
Sonidos con alas,
mariposas parlantes
de todos los colores.
si atrapara alguna
sin hacerle daño,
que aletée en mi boca,
que pueda decirla,
que se transforme en tinta
de mi ligera pluma,
que te deje escribir,
que sea un poema.
(nosotros)

Buenos Aires

Buenos Aires de ladrillos y cartones,
te levantan edificios a montones,
te revuelven la basura por la noche,
si parecen cementerios las veredas.
Cada noche lo que queda de nosotros
se lo lleva el camión de basura,
mientras vuela llevado por el viento
un diario deshojado a contramano.
Te hacen daño. Buenos Aires,
te están robando el cielo,
desde un balcón
da pena de cartón y de miseria.
Hoy son dueños de tus calles
los que ya no tienen sueños,
los que piden, los que duermen,
los perdidos para siempre.
(nosotros)

domingo, septiembre 02, 2007

Coplita

Coplita del sentimiento
en este mismo momento
me está saliendo de adentro
si le digo como estoy
le aseguro que le miento.
Será que uno anda perdido
será que uno anda a destiempo
por los años transcurridos
será que algo habrá ocurrido
y uno no sabe qué ha sido.
A veces en una copla
uno no puede contar
todo lo que anda pasando
pero si puede decir
que las penas van llegando.
Pero dicen los que saben
que nada dura cien años
que si las tormentas pasan
porqué no habrá de pasar
lo que nos está ocurriendo.
Coplita de la esperanza
siempre hay que tomar distancia
cuando los problemas vienen
no los arregla la plata
porque son temas del alma.
Autor: Carlos Ferreira
nosotros

domingo, agosto 26, 2007

El vino

Amo el vino que me desmaya los hombros,

ese líquido oscuro,

sangre adentro derramada pulsándome las venas.

A tu paso morado

sabe mi garganta agradecida

responder con canciones olvidadas.

Te agradezco, vino, la memoria recobrada,

mi copa en procura de otras copas,

la sonrisa clara de mi gente,

el color de tus rojos infinitos

y al final el sueño

envuelto ya en tu manto.

(nosotros)

lunes, agosto 20, 2007

Barrabravas

Si el fútbol argentino está en manos de las barras bravas es porque son muy pocos los que quieren encontrar una solucióm al problema. Pero son pocos y tienen otro enemigo: los poderes que amparan a esos grupos. Los dirigentes y los jugadores los conocen, pero los ata el miedo a las represalias y es entendible. Sin embargo, también los conocen las autoridades nacionales y provinciales. Hay que pensar, entonces, que esas barras saben tanto acerca de sus protectores, que, como en los sistemas mafiosos, no hay nadie que quiera romper éste circulo vicioso; la guerra en la hinchada de River no va a parar y seguirán los lamentos y la indignación. Mientras tanto, la gente continuará desertando de las canchas. El actual campeonato ya se televisa íntegro. Un claro síntoma del gran negocio del fútbol televisado. Nosotros

El mar

Se repite desde todos los comienzos siempre nuevo
siempre otro
siempre el mismo.
Viene de allá,
de los murmullos,
vuelve eterno en el regreso
con su magia
y con su bruma.
Mar incierto
de furias y rumores.
¿Qué secretos guardan sus tormentas?
¿En qué idioma murmura sus lamentos?
Inmenso bandoneón de sal y espuma,
brazoz de ira, manos tiernas,
padre mar.
nosotros