El grito, de Edvard Munch
La noticia de que hay quienes lucran con el dolor y la enfermedad ajenas nos produjo una sensación de horror e impotencia. De ahí nació este poema, tal vez para aliviar el dolor que producen esto hechos. Ojalá no hubiésemos tenido que escribirlo nunca.
Vencidos
Pequeños asesinatos,
lentos genocidios.
Los criminales entre nosotros,
en nuestras calles,
son padres, hijos y espíritus santos.
En la negra paz de sus hogares
descansan las bestias
que reparten remedios sin remedio.
Son vecinos desconocidos
del barrio de la mala muerte.
Por cada caricia un crimen,
vendiendo sin cesar
pastillitas de dolor
a precio de odio.
Matan con amor asesino,
lo hacen por lo que más quieren.
Inmorales y mortales,
son nuestro cáncer cotidiano.
nosotros