sábado, agosto 27, 2005
Una tarde
Aquí había un poema escrito por nosotros, era muy bello, escrito en un momenta de gran inspiración. Lo tenemos guardado. Pero nos gustaría pedirle a blogger, si por favor tuvieran la gentileza de subirlo ya que ha desaparecido en el mundo mágico de la web. Gracias.
Nosotros
lunes, agosto 22, 2005
Los Locos
Conocimos a los colifatos de La Colifata. Ellos dijeron algunas cosas que a nosotros, los "normales", no se nos ocurren fácilmente. Una de ellas: que hay un Borda de adentro y un Borda de afuera y que el de afuera es mucho más grande y tiene más pacientes. Y también, que hay psiquiatras que tienen mucho que aprender para poder atender en el Borda (en el Borde). Y nosotros, desde el lado "normal" del mostrador, nos enteramos que ellos se internan cuando se brotan, de la misma manera que nosotros vamos al electricista cuando nos brotamos. A los colifatos les puede arrancar los pantalones un perro, pueden andar con lo puesto bajo la luna, pueden ponerse un sombrero de copa para que el rocío no les moje el pelo, pero también son los dueños de la ternura y de una lógica que deslumbra. La verdad, nos gustaría estar colifatos como ellos y no como nosotros.
lunes, agosto 15, 2005
CUERPOS
¿Es un castigo o una reinvindicación? Después de tanto cuerpo desaparecido, de tanto N.N, los humanos parecen volcados a la tarea de registrar sus cuerpos. Los tatúan, los marcan como si esos dibujos garantizaran su identificación futura. ¿O será solamente una forma superficial de hacerse visible? ¿Superficial? Quien sabe. Ser visible es lo opuesto a lo desaparecido, a lo que parece haberse esfumados en el aire. Castigo: cirugias allí donde aparece el primer golpecito del tiempo sobre una zona del cuerpo; aqui, lo desaparecido es la idea que los acontecimientos escriben sobre nosotros, que cada suceso es una marca en la piel. La intervención que borra esa marca, que la desaparece, es la negación de lo que nos ocurrió. Aqui no pasó nada, ni el suceso ni el tiempo. Las cirugias bestiales (culos, tetas, caras, cuellos, el rehacerse enteros) suenan a anulación de la memoria, como si en eso hubiese alguna belleza, como si la memoria no fuese a retornar cuando regrese inevitable el horror de pieles y carnes que volverán a caerse, solo que esta vez más patéticamente.
Reinvindicación: y, sí, acaso pueda verse no como castigo sino como una manera de festejar el cuerpo. ¿Para que está, sino para adornarlo, embellecerlo, rejuvenecerlo ante el menor atisbo de fealdad? Adornos metálicos en cada rincón de la cara, en la lengua, en el ombligo, en la vagina, en el pene. Asi, el cuerpo no sólo no desaperece sino es más, tiene más, es ratificado en su existencia.
!Ayuda, por favor! ¿Será así? ¿O será mejor la arruga de los años, las marcas del transcurrir, los cuerpos de Botero o el del flaquísimo Quijote? ¿No será mejor lo que tenemos adentro del cuerpo? Pero no el adentro físico, las vísceras, sino el adentro del espíritu o de lo que llamamos alma, que es lo que hace que el ser humano no desaparezca ni aún muerto.
Desde hace un tiempo, cine, series de televisión, empiezan a ocuparse -en una nueva vuelta de tuerca- del adentro visceral de los cuerpos. Estos son abiertos, eviscerados; las historias giran alrededor de ese tema. Parece una búsqueda rabiosa, insensata, de no se sabe qué: ¿querrán encontrar el alma entre los intestinos? ¿Buscarán el espíritu en un rinconcito del tubo digestivo?
¿Alguien tiene algo para decir?
Nosotros
domingo, agosto 07, 2005
CATARSIS
Es raro. Los cartoneros nos molestan, pero sabemos que no es justo que vivan asi, pero cuando vamos con nuestro auto por la calle tenemos miedo de matar a uno, pero no es justo que vivan asi, pero igual nos molestan, pero... y asi hasta el infinito. ¿Qué queremos? Que no haya cartoneros, que alguien haga algo (pero no nosotros, claro, que lo hagan otros y pronto). Alguien ideal para pedirle que no haya cartoneros es el gobierno. !Ahi está!, esa es una buena manera de sacarse el problema de encima y sentirse un poco mejor. Lo otro que es raro -aunque tratándose de nuestra sociedad no lo es tanto- es que uno quiera que desaparezcan los cartoneros pero no que desaparezca Cavallo. Es una forma curiosa de pensar. Cavallo fue el gran productor, la gran fábrica de pobres de la Argentina (cartoneros entre otros). Y ahora vuelve a candidatearse el delincuente que después de herirnos, sale de escena y regresa disfrazado de médico para decirnos que él nos va a curar.
En fin, por eso la carta que encabeza esta flexión mental: la de la justicia, tan ciega como siempre.
Nosotros
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