Irse de vacaciones, irse de los problemas cotidianos, alejarse de los escenarios habituales, poner en suspenso la vida de todos los dias aunque sepamos que marchamos, durante un corto lapso, hacia otra rutina, distinta, pero rutina al fin. Vamos siempre en busca de un lugar que se parezca, idealmente, a un mundo sin conflictos, sin roces. Y cuando lo conseguimos, cuando "todo salió bien", es porque logramos esas vacaciones que solemos llamar "perfectas". Y también: cuando hemos pasado un cierto tiempo en ese estado supuestamente perfecto, empìeza a invadirnos una sensación de inquietud. Es que ya es suficiente, ya nos inyectamos la dosis necesaria de idealidad y perfección. Empezamos a sentir la imperiosa necesidad de volver al mundo de la "no vacación", de "lo de todos los días", sin darnos cuenta que eso, todo eso, es nuestra vida.
