Cúpula de mocárabes en la sala de las Dos Hermanas.
Para el viajero imbuído de un sentimiento por lo histórico y lo poético, tan inseparablemente entremezclado en los anales de la romántica España, la Alhambra es un objeto de tanta veneración como la Caaba para todo verdadero musulmán.
(...)En tiempo de los moros, la fortaleza era capaz de albergar en su recinto externo un ejército de cuarenta mil hombres y sirvió a veces como valuarte de los soberanos contra los rebeldes súbditos. Una vez que el reino pasó a mano de los cristianos, la Alhambra continuó siendo patrimonio real y en ocasiones la habitaron los monárcas castellanos.
Parte de uno de los relatos del libro Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving escrito a comienzo del siglo XVIII.
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