sábado, marzo 18, 2006

De San Ignacio a Quiroga

El silencio se adueña de nosotros. Las ruinas jesuíticas de San Ignacio invitan a soñar con aquel tiempo y una obra finalmente interrumpida. Misiones arde bajo el sol del verano, pero no hay temperatura que pueda impedirnos reaccionar frente a lo que para nosotros fue una sorpresa. A pocas cuadras de allí está la casa del escritor Horacio Quiroga, ahora museo. Pegada al Paraná, con pocas modificaciones respecto a cuando la habitaba él, cada objeto lo recuerda. Levantamos los ojos hacia una de las paredes de la habitación donde trabajaba y la piel de una enorme lampalagua nos recuerda los versos de la canción: Banda a banda, sol y luna, cielo y agua/ espejismo que no acaba de pasar/ piel de barro fabulosa lampalagua/ me devora la pasión de navegar. Un escritor hechizado por ese paisaje que afiebró para siempre su escritura e hizo de sus cuentos y relatos una de las obras maestras de la literatura argentina.

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