domingo, junio 12, 2011

Revolución

Es bueno que el cine argentino haya vuelto a intentar una obra de tono épico. Se trató de un gran desafío que dio un resultado más que digno. Abordar nada menos que al General San Martín es ponerse al borde del fracaso. El acierto consistió en focalizar el desarrollo del cruce de Los Andes y de la batalla de Chacabuco para no dispersarse y poder mostrar detalles interesantes de la personalidad del líder militar. De la Serna sostiene bien el papel y junto al director consigue salvar del bronce al Libertador. Es curioso qué poco se sabe y qué poco se nombra a Leandro Ipiña, el realizador de la película. Tan curioso como que, en estos tiempos de sofisticada tecnología, la película sufra serios inconvenientes de sonido. El parlamento final del personaje Manuel Corvalán es casi inaudible. Es una importante producción nacional que vale la pena ver. nosotros

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