Un viaje en tren desde Porto a Santiago de Compostela. En un asiento próximo una mujer y su hijo de dos años. El chico nos espiaba y jugaba a mirarnos y esconderse. Entramos en el juego y terminó dedicándonos ésta sonrisa que recordaremos siempre por su ternura y espontaneidad. Hoy fantaseamos con la idea de que, tal vez este chico, dentro de veinte años, llegue por casualidad a nuestro blog y se reconozca en la foto amorosamente robada por dos viajeros extraños y extranjeros, a quienes iluminó el alma con su sonrisa.
A él, esté donde esté, ahora y en el futuro va dedicado éste blog.
Nosotros
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