Es petiso gordo y blando como un bandonéon. Tiene la ternura y la seriedad de la expresión del gordo Troilo.
Sus fuelles ronronean igual que el instrumento; alcanza con que le den un poco de cariño para que los haga sonar mimoso y compadrón.
Astuto y suave, es compañero en la tristeza y amigo en la alegría. Camina llevando entre sus pliegues nubes de algodón sobre su pelo rojizo .
Sus pezuñas golpean un dos por cuatro al caminar.
Cumple quince años de fidelidad y compañerismo, por eso éste homenaje.
Pudo haberse llamado Pichuco, pero el fútbol pudo más: se llama Zico.
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